EN EL LUGAR DEL OTRO

Según Kant, para que una acción sea moralmente buena no basta que sea conforme al deber, es preciso que sea hecha por deber. Pero, ¿cuándo podemos saber que actuamos por deber? Cuando cumplimos el imperativo categórico, que para Kant es incondicionado: “Actúa de tal modo que puedas querer que la máxima de tu voluntad se pueda convertir en ley universal”.  El hecho de pensar en las consecuencias a las que puede conducir tu manera de actuar y además en si estas son correctas o adecuadas en cualquiera de los miles de casos en los que se puedan dar implica una cierta madurez y responsabilidad. Creo que rotundamente puedo afirmar que todos, en algún momento de nuestra vida, hemos obrado u obraremos en un futuro de manera equívoca, llevando a cabo una acción que igual no nos gustaría que otra persona hiciera si nos acabara perjudicando al final. Pues bien, lo que trato de expresar y defender en este ejercicio es que los seres humanos serían capaces de vivir de una forma más justa y que les beneficiaría si todos llevaran a cabo el imperativo categórico de Kant. Ya hoy en día se escucha a menudo la frase “no les hagas a los demás aquello que no quisieras que te hicieran a ti”, pues bien, se trata más o menos de lo mismo. Si por algún motivo nuestras acciones se convirtieran en leyes universales, es decir, válidas en todos los casos, seguro tomaríamos conciencia de nuestros actos. Un ejemplo son los casos en los que se trata a la mujer como un objeto; varios son los hombres que han podido sentirse como objetos sexuales y acaban diciendo “ahora entiendo a las mujeres”, y es que pienso que uno no sabe cómo puede llegar a afectar a una persona con cualquier hecho hasta que lo vive y experimenta por sí mismo.
Bien es cierto que vivimos en una sociedad en la que conviven muchas culturas diferentes, y por lo tanto, en la que hay distintas opiniones sobre diversos aspectos, por lo que es complicado que todos lleguemos a estar de acuerdo en un mismo asunto, así que lo que puede ser considerado para mí como una correcta y adecuada ley universal, igual para la persona de al lado se trata de algo incorrecto. Aún así, es innegable que hay principios que deben ser llevados a cabo y respetados por todos y cada uno de los habitantes del mundo, por ejemplo la igualdad entre el hombre y la mujer, el respeto hacia el otro sin importar orientación sexual, religión u origen, etc. En conclusión, creo que si el imperativo categórico se llevara a cabo las personas actuarían con una mayor responsabilidad, pues actuar de manera perjudicial para otros implicaría que otros pudieran actuar de la misma manera para esa persona. Lo que se trata es de vivir de la mejor manera posible y tratar de alcanzar el respeto mutuo y aquello que constituya un progreso común

Vanessa Gómez Escaño.